Infancia revisitada
Pessoa en el centro. Entrevista con Francisco Cervantes
Esta entrevista forma parte de Poesía e infancia. Una mirada a la creación, libro plural que se publicará este año y que incluye a artistas de todos los ámbitos.
Dactilografía
En general, la idea que tienen las personas de lo que es ser poeta es de una superficialidad y de una torpeza... piensan que un poeta es un tipo que se viste bien y anda quedando bien para tener éxito y posiblemente ganarse el Premio Nobel. Un poeta lo único que tiene que hacer bien es escribir su poesía y hacer exactamente lo que hizo Pessoa: no darle la menor importancia a la suerte de sus libros.
Pessoa es toda su infancia, todo el tiempo está refiriéndose a su infancia. Y no es que él tenga idea de que hay que referirse a la infancia, pero sus grandes poemas siempre tienen mucho que ver con esta etapa, si no es que toda su obra. Claro que eso no me justifica, yo también pienso en mi infancia. Cuando llegué a Lisboa la primera vez, hace unos 27 años, vi un jardín muy bonito, y pensé que era el jardín Obregón lo que aquí es el jardín cna. Uno lo refiere a su infancia, claro. Ya a la hora de comparar parte por parte, pues no, pero quizá lo bueno de uno, que no ha intentado olvidar la infancia, es que lo que se refiere a ella te parece hermoso, y lo era. Yo me acuerdo de esas épocas en que la aspiración mexicana era Europa, no lo yanqui; a mí me tocaron los años cuarenta, cuando lo gringo empezó a llegar; cuando empieza a haber lo gringo, comparado con lo europeo, lo gringo no es nada, absolutamente nada. Toda esa aspiración gringa a mí me parece muy triste; y te digo, yo me acordaba ahora que venía: “¿En qué se parecen el jardín Constantino y el jardín Obregón?” En nada. Pero me engaño, sí se parecen en algo: en que yo tenía ganas de que se parecieran. Eso tiene más de afecto que de racional; el niño es sobre todo emociones, y muchas veces las emociones tienen más valor, un valor puramente vital. Cualquiera razona si es capaz de sentarse a hacerlo. Ahora, no cualquiera razona a la hora de escribir; yo he visto a unos tipos que escriben verdaderamente con las patas... ¡Y qué patas más feas tienen!
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo…
Pero bueno, yo no creo que Pessoa escribiera pensando en su infancia. Pessoa seguía siendo un niño hasta que murió; entonces no necesitaba recordar que era niño: vivía, nada más. Era un hombre que vivía muy naturalmente, es decir, vivía como niño.
Yo no admiro a Pessoa porque sea, según creo yo, el mayor poeta del siglo xx; lo admiro porque le costó un esfuerzo extraordinario escribir todo eso. No se escribe así nada más porque te sientas y le dictas a la secretaria. Yo últimamente ya no escribo, dicto, pero es que ya estoy cansado; es mucho razonar para escribir las mismas tonterías de siempre. Te sientas a razonar, y como el razonamiento depende de un instrumento que está acá arriba, acabas repitiendo las mismas estupideces de los demás. Yo no intento ser muy original, pero intento ser yo. Entonces, ¡para qué carambas le voy a agradar al señor gobernador! ¿Para que me vuelva a enviar a Portugal?
Todas las cartas de amor son ridículas
A Pessoa le gustaba jugar. Es más: yo creo que toda su vida era un juego. La vida, si de veras es, pues es un juego; claro, no un juego trivial, y sobre todo no es el juego de los tahúres, para ganarle a este fulano los 100 pesos que trae.
Poesía y humor... si no hay humor, no hay poesía. Hay humor negro, hay humor saudoso, si son poemas burlones. Ahora, no puedes decir que todo humor sea poesía, pero toda poesía es humor.
Aunque, en el caso de Álvaro de Campos, la mayor parte de sus poemas son poemas morales; no hablo de moral en el sentido de sexo, sino que le recuerda a la gente que son una bola de arrogantes estúpidos y que no tienen idea de para qué sirve existir, si es que existir sirve para algo. Por ejemplo, el “Poema en línea recta” tiene ese valor: a mí me parece un poema moral.
Una cosa que yo he contado muchas veces es que hace tiempo yo llegué a pensar que Borges conocía a Pessoa, pero no. Entonces Borges dijo: “No, si es tan gran poeta, ¿por qué nadie me habló de él? Bueno, léanme algo de Pessoa”. Y que le leen Pessoa y dice: “¡Carajo, si el tipo es igual que yo”. Sí, sí, lo consideró su igual. Entonces, a una investigadora del Centro de Estudios Pessoanos se le ocurrió hacer una curiosa experiencia: buscó textos de Pessoa y textos de Borges y creó un diálogo; quedó padrísimo. Borges no supo, hubiera hecho un coraje: “Éste ya se me adelantó, ya me anda fusilando”, pero sí le gustó mucho. Bueno, pues el grado de honradez con el que habla de Campos en ese poema, eso sólo un niño; fíjate: “Nunca conocí a nadie que se hubiera llevado un porrazo, todos mis conocidos han sido campeones en todo”. En el momento en que terminas el poema, dices: “Ah, pudimos haber sido ridículos”. Deja muy desalentada a la gente, y sobre todo algo de Campos que desalienta mucho dice: “Y yo, que he sido ridículo sin haber sido traicionado, no encuentro sobre la Tierra uno igual a mí; entonces, solamente yo he sido ridículo”. Ese tipo de poemas son de los mejores, creo yo, como lector de Pessoa. Te das cuenta de que los poemas que firma Álvaro de Campos podía haberlos firmado Pessoa, y viceversa; es el mejor, y no sólo el mejor, sino el que más se parece a él.
A mí todos los poemas de Pessoa me parecen de humor; y la moral va con el humor. En De poesías (“Todas las cartas son ridículas”) el humor me parece... ridículo, ridiculizante; mira, ahí trata también de detenerle, de ponerle un poco el alto a esos tipos muy arrogantes que dicen: “Eso lo hace la gente estúpida, pero yo no soy estúpido”; y Pessoa también en eso los para, empieza a decir cosas que son totalmente ciertas. La actitud de enamoramiento es posible que sea ridícula para la gente que no está enamorada y para quien le da un gran valor a la practicidad: entonces, si estás enamorado no puedes ser práctico, y entonces le llaman ridículo a eso que ellos no sienten. La mayoría de la gente que juzga ridículas las cartas de amor es gente ya casada y con nietos y que no quiere saber más de eso, o gente que no fue capaz de sentirlo.
Yo creo que todo el mundo tiene derecho a tener su superstición particular: si te sirve para vivir o para que no te moleste esto, pues está bien, si con ello no vas a afectar la vida de otros. Yo no creo tanto en la moral cuanto en el respeto a los demás.
Psiquetipia… Todo símbolos
De las traducciones hechas a Pessoa pienso que, porque es una lengua cercana, habría que leerlo en su idioma. Pero que de leer una mala traducción de Pessoa a no leer nada, mejor una mala traducción, porque algo tiene todavía del original.
Mis poemas preferidos... Algunos de Paz, algunos de Pessoa, y claro, los dos versos iniciales de Los Luisiadas porque soy muy afecto a leer a Camões. Aunque el otro día me preguntaron que si es verdad que Pessoa se sentía mejor poeta que Camões, que qué opinaba yo sobre eso. Dije: “Mire usted, Camões era un hombre muy serio y un gran poeta y yo creo que habría que preguntarle a Camões si estaba de acuerdo con que Pessoa era mejor que él, y es posible que estuviera de acuerdo con Pessoa; ahora, la vida de Camões es una vida muy chistosa. Jusef Araiba tiene un libro muy interesante que se llama La vida ignorada de Camões. Lo que pasa con Camões es que... ¿quién en México ha leído a Camões?
El poeta es un fingidor
Dicen que soy el quinto heterónimo de Pessoa... pero ése es un chiste. También dicen que soy el único poeta portugués nacido en Querétaro. Ese chiste al primero que se lo oí fue a un amigo mío que era agregado cultural de la embajada de Brasil, en los años ochenta. Mi amigo escribía novelas; había una cuyo título me gustaba mucho: Indicaciones para dónde pasar el fin del mundo.
Para mí, Portugal no representa más que Portugal... Yo pienso que me hubiera gustado nacer en Portugal; pero, como soy, pienso que si nazco en Portugal me hubiera gustado nacer en México. No sabría decir exactamente qué sea para mí Portugal, lo que sí te puedo decir es que Lisboa me parece una de las tres ciudades más bellas del mundo, posiblemente la más bella. Portugal, dicen, es un país muy anticuado, ¿será? Lo que se distingue es que son como muy humanos; entonces, ¿ser humano es ser anticuado? Así es como yo lo veo.






