Pura ciencia
Ciencia ficción: Para horadar la realidad

El autor invita a un recorrido en tren por las estaciones de la ciencia ficción y reflexiona sobre futuras paradas
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...You’ve been living underground, *even for a cat*
“Mysterious Ways”, U2
Dos caras de una moneda que tiene tres
Si la única posibilidad de percibir la realidad es através de la experimentación de una de sus facetas, en el caso de que sólo existiesen dos “caras” de ésta (bueno-malo, ying-yang, cielo-infierno) todos seríamos bipolares, incluido Dios, como bien cantó Cerati; además, una moneda no es nada hasta que no se juega en un volado, lo que agrega otra dimensión a un objeto que parece de dos pero tiene tres... y puesto que dimensiones hay más de once, dicen los que saben, algo seguramente quedará fuera del margen de lo común, sin importar las condiciones donde se originan ni la experiencia como tal, ni el observador en sí mismo, dado que ni los priones existen tan sólo en longitud y altura, así cualquier “instante cero” es tan sólo eso: un instante. De este modo comienza cualquier ficción: por la especulación, ¿Qué es lo que hay más allá? ¿Dónde comienza “el margen” del entendimiento?… ¿y si la moneda, una vez lanzada, no cae ya nunca? Preguntas como ésta son el combustible de los discursos científicos y de las novelas de ciencia ficción, ¿cuál es la diferencia? El método empleado para enraizarse como discurso, pues los temas han sido intercambiados del mismo modo en que se poliniza un prado, entre la ciencia y la ciencia ficción se intercambian los roles, abeja-flor (por ejemplo), en función de no detener, constreñir o supeditar la posibilidad de horadar la realidad, una partiendo desde la imaginación (razonable, aun cuando raye en lo dadá) y la otra haciendo uso de razonamientos (imaginables toda vez que sean comprobables).
Julio Verne
Imaginar y escribir
La literatura de viaje de Julio Verne (Nantes, Francia, 1828), aficionado de los barcos y admirador de Dumas, Shakespeare y Víctor Hugo, comenzó con la escritura de teatro, operetas y cuentos históricos —por ejemplo, Un drame au Mexique (que narra un motín ocurrido en dos embarcaciones españolas con destino a México)—, para luego establecer un estilo dentro de la ciencia ficción, vinculado con el viejo oficio de la exploración.
Gracias al asombro por la naturaleza y sus límites, Verne escribió sobre viajes alrededor y al centro de la Tierra, los Polos y hasta se imaginó en la Luna, una fantasía universal que no se materializó sino hasta el siglo xx.
Más allá de ensueños, Verne tuvo la capacidad de trazar motivaciones humanas como volar y navegar. Entre otros elementos, este autor escribió desde el siglo xix sobre la televisión, los submarinos, rascacielos, calculadoras e incluso helicópteros.
El recorrido de su literatura no sólo resulta un estímulo para la mente, sino también un reto para la ciencia y la tecnología, ya que la humanidad aún no ha alcanzado el centro de la Tierra.






