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Para la libertad canto, ilustro, pervivo ...

Luis Téllez-Tejeda. Proyectos editoriales y de documentación A Leer/ibby México.

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l 30 de octubre pasado se cumplieron cien años del nacimiento de Miguel Hernández. En Orihuela, España y todo Iberoamérica se llevaron a cabo recitales en memoria del poeta, bardo cuya obra ha trascendido las páginas de los libros para volverse estandarte de algunas generaciones a través de la musicalización que de sus poemas han hecho varios autores, encabezados por Joan Manuel Serrat.

   Sin embargo, esta popularización no ha bastado para que su obra sea abarcada en toda la magnitud que merece. Los homenajes, onomásticos y la celebración de efemérides no sirven más que para la ostentación de algunos académicos y para la afiliación con la memoria de aquellos que en realidad no han comprendido la historia, los funcionarios que sólo se acercan a ella cuando ya no parece tan peligrosa.

 

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Sorprende por ello encontrar un libro que le hace justo honor, una invitación a la lectura de sus poemas y más: un apropiamiento desde el siglo xxi, desde la plástica de los textos que dejara uno de los más jóvenes integrantes de la generación del 27.

 
Miguel Hernández. 25 poemas ilustrados
es una breve compilación hecha por An-tonio Rubio y Manuela Rodríguez: la obra de artistas plásticos españoles integra un libro para mostrar que la obra del oriolano sigue vigente por la universalidad de la experiencia a la que sus versos convocan.


Los nombres de los ilustradores son familiares para quienes se han sumergido al mundo del libro para niños y jóvenes en Hispanoamérica: Gusti, Isidro Ferrer, Javier Sáez, Javier Zabala, Pablo Auladell, Miguel Calatayud y Elisa Arguilé, por mencionar algunos. Una conjunción así sólo podía lograrla una editorial que, como Kalandraka, mantiene cercanía con autores de imágenes: se notan la experiencia y el ojo de un editor que cuida el entrelazamiento del texto con la ilustración para crear un magnífico diálogo de las imágenes con los poemas, y esto sugiere lecturas y senderos para abordar los textos.


Vemos, por ejemplo, una hoja de olivo sostenida por cinta adhesiva a una pared: apenas el recuerdo de los olivares de Jaén añorados por la voz lírica en su exhorto a los labradores. La mirada de Xosé Cobas renueva la lectura a uno de los poemas emblemáticos de Hernández, convirtiéndolo en un canto por la naturaleza que se pierde. Nos enternecemos al mirar a un pequeño que duerme al lado de una cebolla, quizá una ilustración muy literal de Javier Sáez para otro texto popular del poeta, sin embargo, la placidez con la que vemos dormir al pequeño, en el característico hiperrealismo del ilustrador, da contrapunto a la sordidez que en momentos alcanza el poema.


Miguel Hernández. 25 poemas ilustrados es un magnífico catálogo del trabajo actual de ilustración editorial en España. La variedad de discursos, técnicas, estilos y formas de abordar el texto emociona, supone un futuro interesante para el libro ilustrado —sea cual fuere el formato que tome: álbum, novela gráfica…— y un ejemplo a seguir para este lado del Atlántico.


La selección de poemas resulta acertada, aparecen los célebres al lado de obras menos conocidas pero necesarias para la invitación a una lectura cabal de la obra hernandina. Celebremos esta reunión. L

miguel



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