Imprimir
PDF

Gitanerías de Pérez Gay

Miguel Barberena.

gitaen

 

Debe ser la edad”, repite Rafael Pérez Gay en las crónicas breves que conforman su nuevo libro, El corazón es un gitano. La edad es la cincuentena pasada a la que ha llegado este escritor (1957), una edad incierta en los hombres, ya no jóvenes, tampoco viejos, pero a punto de serlo: los hijos se van, los padres mueren, las enfermedades serias aparecen —un cáncer en la vejiga en el caso de Pérez Gay—, el destino final empieza a perfilarse. Y todas las calamidades ocurren en una ciudad, caótica e inabarcable, específicamente en una colonia Condesa ruidosa, tomada por comederos de insufrible “mamonería” y su respectivo “valet parking”. “Soy neurótico, lo admito”, escribe Pérez Gay. ¿Y cómo no? Neurótico y nostálgico, en el sentido más prousteano del término. El título de una de las crónicas da el tono: “Los tiempos perdidos”. A su búsqueda parte Pérez Gay. La magdalena que le abre la memoria es “El corazón es un gitano”, aquella canción de Nicola di Bari, popularizada aquí, hacia 1971, por Lupita D’ Alessio, entonces bella y amable.


Con ese fondo musical rememora la ciudad de su primera adolescencia: la inauguración del Metro; el Mundial México 70 y su álbum de estampillas; la llegada del hombre a la Luna; la muerte del Pelón Osuna y Carlos Madrazo en el mismo accidente aéreo; la televisión de bulbos y el Noticiero Nescafé con Jacobo Zabludovsky, luego la gimnasia del profesor Villanowel y Evelyn Lapuente, y por las tardes, Operación ja ja del Loco Valdés y las telenovelas de Ernesto Alonso; el patio de la escuela y los chicharrones Cazares, los Miguelitos y el cucurucho de galletas de bombón…


Bella y amable, como la D’ Alessio: así también era la ciudad de México hace 40 años, cuando la familia del autor vivía en el Parque España, cerca de la Plaza Miravalle, que hoy se llama Cibeles. Para los de la generación de Pérez Gay y los de más atrás la lectura de estas 57 breves crónicas es un paseo por el laberinto de la memoria, funcionan como una “Máquina del Tiempo”, título de otro de los textos del libro. “Escombrar” se llama otra de las crónicas, y eso es lo que hace Pérez Gay con su baúl de recuerdos.


Pero también es cuestión aquí, y mucho, del presente, de las vicisitudes de un “chilango” que observa con humor e ironía los “tics”, manías y dolores de cabeza de nuestra época: los misterios de la Blackberry Storm, los trámites para la firma electrónica de Hacienda, el acoso de los “e-mails” que le prometen un “megapito”, los usos y costumbres del gimnasio (“Quien me lo iba a decir: estoy en un gimnasio”), las bondades del whisky single malt, la “alta cocina” del “chef” Arzak (“Qué pido: ¿matrimonio sobre cogollos escabechados y pimientos asados, o foie gras, robalo y calabaza con emulsión de zanahorias?”). Pequeñas crónicas del absurdo cotidiano, autopsias rápidas, como diría Jorge Ibargüengoitia, maestro del género. También son instrucciones para vivir en la Condesa, con otro guiño al escritor de Guanajuato.


El universo de Pérez Gay está en el triángulo de las calles Mazatlán, Campeche y Alfonso Reyes, y no se aleja mucho. Por ahí se encuentra “la casa de usted”, expresión que repite en las crónicas que despliegan su arte del cotidiano doméstico. Nos invita a pasar y compartir con él los apagones, los tinacos vacíos, la invasión de cucarachas, el “franelero” que se ha diversificado a pulidor de coches y el ruido que hace su maldita máquina…


Es evidente —él mismo lo dice en la contraportada— que tras publicar en 2009 Nos acompañan los muertos, un libro sobre la decrepitud y muerte de sus padres, Pérez Gay quiso escribir algo más ligero y humoroso, un divertimento narrativo. Pero al final le fue imposible vencer al temperamento melancólico.


   Debe ser la edad y el efecto de la andropausia: sube los escalones de la cincuentena y se topa con el mismo Rafael pero con 30 años de más. “La vida nunca quiere lo que nosotros queremos”, constata tristemente. Y también que nada es fácil en esta “pinche vida”. Escribe “con una pequeña llama depresiva dentro de mí, como un piloto encendido”. Con esa llamita alumbra los fantasmas que se le aparecen, los de sus padres, por supuesto, pero también los de su propia decrepitud y muerte. Por algo esta leyendo (“ah, el gerundio”) en la antesala del oncólogo Nada que temer, del británico Julian Barnes, un ensayo a la manera de Montaigne sobre el tema de “aprender a morir”.


elcoraMientras eso ocurre, Rafael Pérez Gay nos deja en este libro otra buena muestra de su talento para narrar “hechos pequeños con palabras grandes”. Ya antes había recopilado parte de su periodismo literario en Diatribas de la vida cotidiana y No estamos para nadie. El corazón es un gitano reúne 57 crónicas que ha publicado dominicalmente en el periódico El Universal bajo el rubro de “Prácticas indecibles”. 57 semanas o un año en la vida diaria de un buen escritor que al verse en el espejo del pasado declara: “No me doy por mal servido”.L

noticias

Últimos tweets

No tweets found

FAHH

a-leer-color

Tenemos 60 invitados conectado(s)

Suscripción

¿Deseas recibir información de L de lectura?