¿Quién publica y quién lee guiones cinematográficos?

En entrevista, Leopoldo Gaytán, custodio del banco de guiones (la mayoría inéditos; algunos ni siquiera filmados aún) del Centro de Documentación e Información de la Cineteca Nacional, habla sobre la publicación y lectura de guiones en México.
En el país sólo existe la iniciativa de Ediciones el Milagro (concentrada en teatro), y coediciones entre la Cineteca Nacional, el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta); algunas de ellas bajo auspicio de la editorial española 8 ½, libros de cine, en la colección Espiral. Sin embargo, la oferta y la demanda de guiones cinematográficos son prácticamente nulas. Esto no se debe, necesariamente, a que no se le considere un género literario. Las razones pueden tomar dos vertientes: que el guionista o quien detente los derechos de la película no esté interesado en la publicación —ya que hay varios tipos de contratos: por un porcentaje de la película, por pago total o por un tiempo determinado en los que el guionista, el director o el productor es dueño de los derechos— o que el público no está educado para leer guiones de cine, porque implica conocer el lenguaje técnico: por ejemplo, un guión empieza con un “fade in”, interior o exterior, noche o día, etcétera, y la gente no está acostumbrada.
Sí, uno se va creando atmósferas, conociendo a los personajes, pero al lector tienes que irle dando indicaciones; como son muchos los que intervienen en la producción de una película (el tramoyero, el alumbrado, el jala cables…), hay que ir explicando punto por punto con acotaciones, que también pueden ser de gran deleite para el lector curioso y que quiere encontrar respuestas.
También se da que las editoriales no vean al guión como literatura. Creo que el guión ya está estructurado para que sea una parte de esa literatura novelada; que contenga una parte más técnica no quiere decir que no sea literatura, porque se va leyendo igual; tiene una introducción, se van conociendo a los personajes, hay ambientación, una trama… la línea, finalmente, de la literatura. Literatura dramática, con la cámara como elemento narrativo.
En general, lo más común en el mundo editorial de guiones cinematográficos es que el propio guionista —si es el dueño de los derechos— sea quien corra con los gastos de edición; por lo que se complica el proceso y, por ende, la existencia de casas editoriales enfocadas al género. Por eso también es el propio escritor quien lo manda a imprimir o lo edita. Es el caso de Paz Alicia Garcíadiego, guionista de cabecera de Ripstein, que tiene varios guiones publicados, pero todos por iniciativa propia, incluso los que están bajo el sello de la Cineteca.
Alguna vez intenté un proyecto para que se publicaran 10 guiones de películas clásicas mexicanas: Vámonos con Pancho Villa, El compadre Mendoza, El prisionero 13, Redes, La mujer del puerto, Los olvidados, y una serie de guiones más, pero como no estaban cedidos los derechos no se logró. A eso nos enfrentamos.
El público que se acerca a la lectura de los guiones de cine son principalmente investigadores. Es un público cautivo, por desgracia o fortuna, entre el que, generalmente, se encuentran estudiantes que están haciendo su tesis o investigando temas específicos. En el caso del Centro de Documentación de la Cineteca, puedo decir que el número de visitas al área de guiones es de 5 a 10 por mes… aunque varía, a veces vienen 4, otras hasta 30.
Tú te refieres a un guión a partir de que viste la película; te genera dudas y quieres irlas resolviendo, ya sea que entrevistes a los actores, al director, o te remitas a los guiones, que es la base primordial de la película. Con la lectura de guiones se puede notar que muchas veces lo que se escribe no es lo mismo que sale en pantalla, porque puede ser que al director no le gustó alguna escena, o los costos implicaban otra cosa, o las condiciones climatológicas del guión no son las del momento de la grabación; así el guión va cambiando cuando el director, los actores y todos los personajes que intervienen tienen que implementar sus puntos de vista y necesidades que sólo surgen en la filmación.
Como catedrático de Historia y proceso de publicación y lenguaje fílmico en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, les pongo a mis alumnos ejercicios para que lean el guión y, al mismo tiempo, vean la película; claro que la película gana en gusto, porque ahí ya está digerido el guión y la trama, pero en cuestiones técnicas, con esa lectura van resolviendo los problemas conforme se va dando la proyección. Los olvidados, de Buñuel, tiene dos finales y también ¡Vámonos con Pancho Villa!, incluso se dice que hay un tercero que no se ha encontrado… todo eso se puede leer y comparar aquí.
¡Vámonos con Pancho Villa!, de Rafael F. Muñoz, la novela, es la historia de Pancho Villa, desde sus inicios hasta su decadencia; está dividida en dos partes: cuando tiene todos los triunfos y lo van abandonando sus hombres, y cuando ataca Columbus y lo vienen a buscar los gringos. De esa novela se han hecho tres guiones. Uno en 1936, versión dirigida por Fernando de Fuentes, la mejor hecha y la más bella —entre mis 10 preferidas—, y luego otra con un guión de 1970 escrito por Ricardo Garibay sobre la segunda parte de la novela. En 1985, ese guion que había hecho con Cazals, Garibay lo vende a Antonio Aguilar y se filma ese año bajo el nombre de La sangre de un valiente, con Mario Hernández como director. En 2010, Cazals, con ese mismo guión, filma otra película de la que sólo difieren los nombres de los personajes: Chico grande, que ya se exhibió y está ganando premios. Éste es un ejemplo de varias lecturas y procesos que surgieron de la adaptación de una misma novela.
El Centro de Documentación de la Cineteca Nacional está abierto al público con 13 000 libros, 37 000 expedientes con notas de prensa, aproximadamente 700 colecciones de revistas críticas y académicas, y más de 6 000 guiones no publicados. Como el acervo son guiones de autor y muchas veces el autor nos los ha donado o los derechos no han prescrito, no pueden fotocopiarse, sólo consultarse dentro del Centro. Ahí, además de consultar guiones pueden acercarse a expedientes hemerográficos sobre personalidades, películas o directores; los actores del proceso cinematográfico. ![]()






