México 2011. Seis puntos para una política de lectura
Tras un recorrido por los componentes básicos de una política de lectura, la autora concluye: “La verdadera política está en la gente que destina recursos a la compra de libros, que toma decisiones sobre sus propias lecturas, que dedica parte de su tiempo diario a leer con otros y para otros, que invierte su capital en editar y que cree en el lector, el libro y el proyecto. ¿Cómo conjuntar esos esfuerzos, qué mecanismo utilizar para hacerlos fuertes?”.
Primero, algunas aclaraciones personales:
• Una política de lectura no debiera ser para 2011 sino para siempre y debiera estar fortalecida por nosotros, los lectores, los ciudadanos;
• Una política de lectura no debiera estar enfocada sólo a ello como un acto aislado y desde diferentes trincheras trabajando cada una por su rumbo sin mirar al otro: ni la lectura sola ni los lectores solos siempre, ni las instituciones de manera aislada. Concebirla como toda una amalgama de estrategias que fortalezcan el uso del lenguaje y la letra, que nos permita escribir y leer, expresarnos y disentir con la palabra, defender nuestros argumentos, la meta;
• Una política de lectura no debiera usar el “deber ser” cada periodo gubernamental, simplemente “es” cuando se ha transformado en política de Estado y cuando nosotros la hemos incorporado a nuestra lista de prioridades indispensables para la vida.
Después, seis puntos a considerar:
1. Sociedad civil y políticas de lectura
En México existen aproximadamente 60 asociaciones civiles constituidas legalmente dedicadas de manera formal a la educación desde diversas vertientes: otorgan becas y desayunos escolares, instalan equipos y tecnología en las escuelas, capacitan maestros y proporcionan educación continua, fomentan valores en el aula con padres y a docentes, pero, ¿cuántas de ellas priorizan la lectura? ¿Cuántas ven la cultura escrita como elemento esencial en la formación ciudadana dentro de la escuela?
2. Lo que pasa dentro de la escuela y ese tremendo lastre que nos martiriza prueba tras prueba
Los resultados de las pruebas estandarizadas nacionales e internacionales aplicadas a los estudiantes mexicanos desde hace una década no son halagadores ni colocan a nuestro país en niveles adecuados a la vista de muchos. Es cierto, el camino andado parece no rendir frutos. ¿Estamos trabajando en establecer de estándares? ¿Cuáles son los parámetros que el maestro frente a grupo tiene para medir la comprensión lectora del alumno? ¿Bastará un reloj en mano? ¿Hasta dónde la currícula de español se vincula con el tema? ¿Hasta dónde las otras materias trabajan con base en la cultura escrita? ¿Hasta dónde se comprende la importancia del uso de materiales de lectura en clase y aún más allá, cómo, cuándo y para qué se usan y cuáles son las estrategias que no han funcionado?
3. De la ley a la práctica y algo sobre el ejercicio de los presupuestos
Frente a las constantes afirmaciones sobre la escasa participación de la población mexicana en las actividades e infraestructura cultural, y aquellas que hablan de que el mexicano no lee, habría que observar si también se trata de un asunto de acceso y no sólo de deseos ciudadanos. Los hábitos de consumo están relacionados con las necesidades prioritarias y con la influencia que los medios de comunicación ejercen en nuestro imaginario social. Es extraordinario que existan encuestas recientes que documenten los hábitos de consumo cultural nacional, y es común que la inversión en estudios quede en publicaciones que no suelen ser consultadas para la elaboración de programas anuales y la decisión presupuestal. ¿Cómo orientar esos esfuerzos? ¿Cómo desarrollar políticas efectivas en el tema de lectura que conjuguen los resultados obtenidos con el ejercicio oportuno de los recursos? ¿Hasta dónde los ciudadanos conocemos los resultados de la Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales 2010, por ejemplo, o de la Encuesta Nacional de Lectura 2006 o los recientes resultados de la prueba pisa? ¿Acaso esa información está en nuestra base de datos cotidiana? ¿Nos interesa? ¿Podemos tomar decisiones al respecto o siquiera estamos formados para transformar con dicha información los entornos que nos rodean: nuestra casa, nuestra oficina, nuestro vecindario?
4. Qué leen los que “no leen”. Reconocer otras lecturas
Reconocer los ambientes de lectura y escritura en cada región resulta una tarea enorme e impostergable. Basta recorrer las calles de barrios conurbados o rurales para ver qué paredes y casas, bardas y anuncios espectaculares están plagados de mensajes que gritan. Jóvenes y niños escriben con spray, pintura, tiza, lápiz o teclado. ¿De qué forma estamos analizando esos lenguajes? ¿Qué estrategias estamos pensando para fortalecerlos? ¿Cuántos de esos jóvenes escriben en la web, en mensajes de texto, en hojas de papel o en muros? ¿Qué están escribiendo los niños y jóvenes mexicanos? ¿Los escuchamos, los leemos? ¿Hay estrategias y presupuestos para ellos? ¿En qué condiciones se encuentran las bibliotecas y escuelas cercanas a sus zonas? ¿A qué tipo de materiales de lectura tienen acceso? ¿Qué se lee en sus hogares y cómo?
5. Los libros que se editan y mecanismos de distribución
Aunque la producción editorial es tema aparte, valdría la pena analizar en el marco de una política nacional de lectura lo que sucede con la industria editorial nacional, los canales de distribución y los alcances de los materiales y libros de lectura más allá de las bibliotecas escolares y de aula y de la escuela pública. ¿Sería conveniente plantear subvenciones para fortalecer a las editoriales de calidad independientes en nuestro país, por ejemplo? ¿Los mecanismos de selección actual para las compras masivas de libros por el gobierno federal son los ideales? ¿Cómo pensar estrategias que vayan más allá de la escuela: libros en la infraestructura no cultural o en las oficinas y espacios laborales, por ejemplo? Ya se destinan tiempos y actividades a la seguridad y salud en muchos espacios de trabajo de nuestras ciudades, ¿por qué no pensar en espacios dedicados al libro y la lectura? ¿Sería viable plantear rutas para fortalecer la llegada de producción editorial nacional a otros espacios más allá de librerías y escuelas? ¿Qué tanto favorecerían estrategias de ese tipo a nuestra sociedad en el ámbito laboral, de productividad y humano?
6. Los medios de comunicación y su papel en los asuntos de lectura
Si como evidencian los estudios y encuestas de hábitos culturales en México el nuestro es un país televidente más que lector, ¿cuándo nos pondremos a trabajar en el tema desde los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la información? En nuestro imaginario cultural el tema de la inseguridad y la salud está bien situado encendiendo focos rojos a cada momento. ¿Cuándo estará de igual manera el tema educativo vinculado a la lectura? La educación es un derecho constitucional para todo
mexicano, es tiempo de que la ciudadanía no lo vea como ello únicamente: “al menos mi hijo alcanzó a entrar a la escuela, la escuela de mi hijo está bien”. Los medios de comunicación juegan un papel crucial en la formación de lectores, compra de libros y materiales de lectura, difusión de la cultura y la lengua. Más allá de las notas periodísticas que hablen sobre el asunto, se requiere un trabajo arduo que posicione la cultura escrita en un país de imágenes.
México cuenta con evidencia suficiente para delinear políticas públicas en materia de lectura, así como con una legislación en la materia impulsada desde la ciudadanía y el sector editorial. Pero, ¿qué pasa más allá de la ley?... ¿Qué ha sucedido hasta el momento con la legislación dentro y fuera de la escuela?
Sin denostar el papel que el Estado juega en la fortaleza de aquellas estructuras y programas que dan sustento a la educación y a la formación lectora, la verdadera política está en la gente que destina recursos a la compra de libros, que toma decisiones sobre sus propias lecturas, que dedica parte de su tiempo diario a leer con otros y para otros, que invierte su capital en editar y que cree en el lector, el libro y el proyecto. ¿Cómo conjuntar esos esfuerzos, qué mecanismo utilizar para hacerlos fuertes?
Para que una política de gobierno se convierta en política de Estado debe ser reconocida por la gente como necesaria, esencial para su desarrollo y el de sus hijos, crucial como parte de su vida. ¿Cuántos mexicanos creen en la lectura y la escritura o en la educación como una prioridad, a la par de los servicios de salud o de la seguridad?
Más allá de manifestaciones o lamentos, de pancartas y artículos de prensa, la tarea es de construcción y acuerdos, de hacernos escuchar y de leernos todos, de construir alrededor de lo que el libro significa para nosotros como sociedad pero pensando siempre en quienes están dentro y fuera de la escuela; mirando el acto de leer, escribir y hablar como un todo, descubriendo las diversas formas en que nuestros jóvenes y niños se comunican.
La fuerza sin duda está en el ciudadano, que trasciende tiempos sexenales y cambios administrativos. En la casa que se convierte en un grandioso entorno de aprendizaje, en la escuela donde existen prácticas exitosas que deben compartirse, en aquellos espacios en donde surge la lectura para quienes no están en el aula.
Cada uno de nosotros lleva en su imaginario personal una ciudad, una vida, una sociedad determinada. Si hemos podido sentarnos a observar y discutir desde la ciudadanía la solución a problemas de inseguridad pública, podemos también tomar asiento de la mano del gobierno y la iniciativa privada, para proponer caminos que transiten por la cultura escrita hacia las ciudades que queremos.





Sin denostar el papel que el Estado juega en la fortaleza de aquellas estructuras y programas que dan sustento a la educación y a la formación lectora, la verdadera política está en la gente que destina recursos a la compra de libros, que toma decisiones sobre sus propias lecturas, que dedica parte de su tiempo diario a leer con otros y para otros, que invierte su capital en editar y que cree en el lector, el libro y el proyecto. ¿Cómo conjuntar esos esfuerzos, qué mecanismo utilizar para hacerlos fuertes?

